Tras meses de entrenamiento para su primer maratón, la autora esperaba tener un aspecto más visiblemente atlético. Dos semanas antes del día de la carrera, al mirarse en el espejo no veía abdominales definidos ni un físico esculpido, pese a madrugar, aumentar el kilometraje y prestar atención a las proteínas. La diferencia entre sus expectativas y su aspecto la llevó a preguntarse si estaba entrenando lo suficiente o si estaba haciendo algo mal.

Los expertos dicen que la idea de un «cuerpo de corredora» específico está determinada por las representaciones de los medios y la cultura deportiva. Hillary Cauthen, psicóloga clínica del deporte, afirma que las carreras de fondo se han asociado a menudo con atletas delgados y de complexión pequeña, mientras que Cindra Kamphoff, entrenadora de rendimiento mental, señala que ver a atletas de élite puede hacer que la gente crea que debería tener el mismo aspecto. La definición de Cauthen es más sencilla: «El cuerpo de una persona corredora no tiene una forma ni un tamaño específicos. Es un cuerpo que corre».

El artículo también describe presiones que pueden resultar especialmente complejas para las mujeres, quienes quizá sientan que se espera que sean, a la vez, más pequeñas, delgadas y fuertes. La trabajadora social Carinthia Bank denomina a esto la «paradoja de la atleta femenina». Estas expectativas pueden influir en cómo las corredoras juzgan sus cuerpos, incluso mientras desarrollan su fuerza y capacidad.

El entrenamiento puede provocar cambios físicos, pero eso no significa necesariamente perder peso o tener un cuerpo más pequeño. Cauthen dice que mejorar la condición física no siempre produce ninguna de esas dos cosas. Kamphoff aconseja centrarse en alimentarse para rendir, en vez de restringir la comida por motivos estéticos, ya que entrenar para un maratón requiere energía para los ejercicios y la recuperación. Bank añade que centrarse en adelgazar puede distraer de las acciones que favorecen tanto el rendimiento como la salud mental.

La autora dice que había estado tratando su aspecto como una medida de su progreso en el entrenamiento. Empezó a centrar su atención en lo que su cuerpo podía hacer, como correr distancias mayores que antes y aprender a alimentarse. Cauthen recomienda sustituir la evaluación del cuerpo por la valoración y distinguir entre notar un cambio y juzgarlo negativamente. Las personas corredoras pueden preguntarse si un pensamiento se basa en pruebas o en comparaciones, y si juzgan sus cuerpos por su aspecto o por cómo se sienten y funcionan.

Kamphoff sugiere mantener un «entrenador interior» anotando tres cosas de las que sentirse orgullosa después de entrenar. La autora dice que intentó reconocer progresos que no podían verse en el espejo, como regular el ritmo y continuar cuando una carrera empezaba a resultar incómoda. Cauthen dice que aceptar el cuerpo no exige amar cada aspecto del propio aspecto todos los días; se puede empezar por respetar las necesidades del cuerpo y valorar sus esfuerzos.

La autora corrió el Maratón de la Ciudad de Nueva York en apoyo de Planned Parenthood of Greater New York. Tras completar las 26,2 millas, dice que se sintió orgullosa, no porque su cuerpo tuviera un aspecto diferente, sino porque la había llevado hasta la meta sin lesionarse. Su aspecto no tenía que ajustarse a un estándar imaginado para que pudiera atribuirse el logro.

Fuentes: Runner's World.