La COVID-19 interrumpió o suspendió servicios esenciales de salud mental en el 93 % de los 130 países encuestados por la Organización Mundial de la Salud, que advirtió que la pandemia está aumentando la demanda de atención, mientras el acceso sigue siendo limitado. La encuesta, realizada entre junio y agosto de 2020, ofrece datos mundiales sobre cómo afectó la pandemia a los servicios de salud mental, neurológica y relacionados con el consumo de sustancias.

Los países informaron de interrupciones en los servicios dirigidos a grupos vulnerables, entre ellos, niños y adolescentes en el 72 % de los países encuestados, personas mayores en el 70 % y mujeres que solicitaban atención prenatal o posnatal en el 61 %. La orientación psicológica y la psicoterapia se vieron interrumpidas en el 67 % de los países, mientras que el 65 % informó de interrupciones en servicios esenciales de reducción de daños y el 45 %, en el tratamiento con agonistas opioides para la dependencia de opioides.

Las intervenciones de emergencia se vieron afectadas en el 35 % de los países, y el 30 % informó de una reducción del acceso a medicamentos para trastornos mentales, neurológicos y relacionados con el consumo de sustancias. Los servicios de salud mental en escuelas y lugares de trabajo se vieron interrumpidos, al menos parcialmente, en el 78 % y el 75 % de los países, respectivamente.

La OMS afirmó que el duelo, el aislamiento, la pérdida de ingresos y el miedo pueden desencadenar trastornos de salud mental o empeorar los ya existentes. También señaló que las personas pueden experimentar un mayor consumo de alcohol y drogas, insomnio y ansiedad, y que la COVID-19 puede causar complicaciones neurológicas y mentales. Asimismo, las personas con trastornos mentales, neurológicos o relacionados con el consumo de sustancias preexistentes pueden ser más vulnerables a la infección por SARS-CoV-2 y a presentar cuadros graves.

Muchos países recurrieron a la atención a distancia: el 70 % informó que adoptó la telemedicina o la teleterapia para abordar las interrupciones de los servicios presenciales. Sin embargo, su uso varió según el nivel de ingresos. Más del 80 % de los países de ingresos altos informó que utilizaba estos métodos, en comparación con menos de la mitad de los países de ingresos bajos.

Aunque el 89 % de los países afirmó que el apoyo psicosocial y de salud mental estaba incluido en sus planes nacionales de respuesta a la COVID-19, solo el 17 % informó disponer de financiación adicional completa para esas actividades. La OMS también señaló que, antes de la pandemia, los países destinaban menos del 2 % de sus presupuestos nacionales de salud a la salud mental, mientras que esta recibía menos del 1 % de la ayuda internacional para la salud.

La encuesta se publicó antes del Gran Evento de la OMS sobre Salud Mental, previsto para el 10 de octubre de 2020. La organización instó a los países a proteger los servicios de salud mental e incluir recursos para ellos en los planes de respuesta y recuperación ante la pandemia.

Fuentes: WHO News.