Mariska Breland se mudó de Estados Unidos a Malta después de calcular que el seguro médico se volvería inasequible para ella y su esposo. Tiene esclerosis múltiple y antecedentes de cáncer de mama, y cuenta que en repetidas ocasiones había alcanzado el límite máximo de gastos de bolsillo de su seguro estadounidense. En Malta, paga 38 euros semanales en cotizaciones a la seguridad social, que cubren su atención y sus medicamentos, incluido uno que, según dice, cuesta 80.000 dólares al año en Estados Unidos.

Breland afirma que el sistema público de Malta ofrece atención sin cargos por las estancias hospitalarias ni los rescates en helicóptero de emergencia, y que no se ha enfrentado a los obstáculos de autorización previa que vivió en Estados Unidos. Sin embargo, acceder a citas más rápidas y disfrutar de mayor comodidad suele implicar pagar de forma privada. Según cuenta, una consulta privada con un médico general suele costar entre 15 y 20 euros, mientras que una cita con un especialista cuesta 70 euros. Una ecografía rápida le costó 120 euros.

Muchos especialistas privados atienden a sus pacientes en farmacias comunitarias, donde se pueden concertar citas sin la infraestructura de una clínica convencional. Breland cuenta que ha visto a su neurólogo en farmacias distintos días de la semana. Para un control oncológico, consiguió una cita privada dos semanas después de contactar con una clínica.

Le ha resultado más difícil orientarse en el sistema público. Se esperaba que le llegara por correo una cita para una consulta de derivación, y esperó más de lo previsto antes de llamar para preguntar por ella. También describe trámites en papel para obtener medicamentos gratuitos a través del programa Malta Pharmacy of Your Choice, entre ellos tener que enviar comprobantes de los pagos a la seguridad social y, más adelante, recoger un formulario que, al parecer, se había perdido en el correo.

Breland dice que no recibe mensajes de texto recordatorios ni llamadas de confirmación para las citas, y que guarda en el teléfono fotos de las notas manuscritas de los médicos. Hace poco se enteró de que existe un portal para el sistema público, pero afirma que sigue echando de menos el portal para pacientes que tenía en Estados Unidos.

También le preocupa que Malta ofrezca menos opciones de tratamiento para algunas enfermedades. Breland afirma que en Estados Unidos hay más medicamentos para la esclerosis múltiple y que no se espera que un fármaco aprobado por los reguladores europeos en junio llegue pronto a Malta, porque el país tiene muy pocos pacientes como para justificar su disponibilidad.

A pesar de las diferencias, Breland escribe que nunca ha recibido una factura médica en Malta. Dice que su neurólogo le ha explicado que una intervención prevista será gratuita, pero que tendrá menos opciones para elegir el tamaño del dispositivo implantado. Para Breland, la mudanza ha supuesto costos más bajos y menos disputas con las aseguradoras, junto con procesos más lentos, registros en papel y menos control sobre algunos aspectos de la atención.

Fuentes: STAT News.