A las mujeres embarazadas diagnosticadas con cáncer a menudo se les aconseja interrumpir el embarazo o dar a luz prematuramente antes de analizar todas las opciones de tratamiento, escribe Elyce Cardonick, médica especialista en medicina maternofetal y fundadora del Registro de Cáncer y Embarazo.

Cardonick relata que al principio de su carrera trató a dos mujeres con cáncer de ovario. Una de ellas, que esperaba gemelos, se sometió durante el embarazo a estudios de diagnóstico por imagen, una evaluación de un quiste ovárico y quimioterapia. Sus gemelos ahora son adultos. El tratamiento de la otra mujer se retrasó hasta el tercer trimestre, y ella murió antes de que su hijo cumpliera dos años. Cardonick dice que no sabe si una cirugía o quimioterapia más tempranas habrían cambiado el desenlace, pero esos casos la llevaron a cuestionar cómo se trata el cáncer durante el embarazo.

Según Cardonick, con frecuencia se anima a las pacientes con cáncer a interrumpir el embarazo sin ofrecerles una conversación detallada sobre el tratamiento durante el embarazo. A las mujeres diagnosticadas en el segundo trimestre o a comienzos del tercer trimestre, en cambio, puede aconsejárseles un parto prematuro electivo. Sin embargo, escribe que a menudo es posible administrar quimioterapia de forma segura durante el embarazo, lo que permite que el bebé nazca a término.

Las demoras pueden comenzar con el diagnóstico. Los síntomas del embarazo pueden coincidir con los de algunos tipos de cáncer, mientras que la preocupación por realizar estudios de diagnóstico por imagen durante el embarazo puede retrasar las biopsias y el tratamiento. Cardonick también se pregunta si el temor a litigios, la experiencia limitada con estos casos o el asesoramiento paternalista contribuyen a la reticencia a tratar a pacientes embarazadas.

Señala que no se ha demostrado que interrumpir el embarazo mejore la supervivencia de una mujer con cáncer en comparación con continuar el embarazo. Las mujeres embarazadas con el mismo tipo de cáncer generalmente presentan tasas de supervivencia similares a las de las mujeres no embarazadas, escribe.

Cardonick ayudó a desarrollar un registro para recopilar casos de cáncer durante el embarazo y hacer un seguimiento de los resultados en madres e hijos. Después de 650 casos, dice que las preguntas clave siguen siendo cómo se trataría el cáncer fuera del embarazo, cuánto tiempo puede retrasarse el tratamiento de manera segura y si un tratamiento se ha utilizado durante otros embarazos.

Una investigación a largo plazo citada por Cardonick encontró que los niños expuestos a quimioterapia durante el embarazo obtuvieron resultados similares a los de los niños no expuestos en pruebas de desarrollo realizadas entre los 18 meses y la adolescencia. Los niños expuestos tenían una probabilidad tres veces mayor de necesitar gafas. Los niños cuyo parto prematuro fue programado para evitar el tratamiento del cáncer materno presentaron peores resultados en la investigación descrita por Cardonick.

Destaca que todas las opciones implican riesgos, incluido el parto prematuro, retrasar el tratamiento o administrar quimioterapia durante el embarazo. La decisión exige equilibrar la salud de la madre y del feto, en lugar de centrarse exclusivamente en evitar la exposición fetal al tratamiento.

Las directrices elaboradas con la Sociedad de Medicina Maternofetal y la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica abordan la manera de evitar retrasos en el diagnóstico y el tratamiento. Analizan el uso de la resonancia magnética sin contraste y la tomografía computarizada con contraste, la cirugía necesaria en cualquier etapa del embarazo y la quimioterapia durante el segundo y tercer trimestre, incluido el momento de administrar el tratamiento en relación con el parto.

Cardonick sostiene que, cuando el cáncer y el embarazo se presentan al mismo tiempo, la atención debe tener en cuenta la salud y la supervivencia tanto de la madre como del hijo.

Fuentes: STAT News.