Después de entrenar para un Ironman de media distancia con un amigo que más tarde se retiró por una lesión en la rodilla, el atleta completó por su cuenta una prueba casera cerca de Annapolis, Maryland. Luego se mudó a Jackson, Wyoming, y empezó a prepararse para un Ironman de distancia completa en el Parque Nacional Grand Teton, duplicando la mayor parte de su carga de entrenamiento anterior durante 16 semanas y acomodando las sesiones a su horario laboral.

Su primer intento, previsto para el 8 de agosto, se vio frustrado por el denso humo de los incendios forestales. Aunque la natación y el recorrido en bicicleta de 112 millas salieron bien, el humo y las temperaturas cercanas a los 80 °F hicieron que el maratón pareciera inabordable. Empezó a caminar cuando llevaba siete millas de carrera y se detuvo, pues decidió volver a intentarlo el fin de semana siguiente, cuando mejoraran las condiciones.

En el segundo intento, el tiempo más fresco y un plan de nutrición modificado ayudaron. Cuando llevaba unas 100 millas de la etapa en bicicleta, se le pinchó la rueda trasera. No tenía un kit de reparación, pero unos cicloturistas que viajaban con alforjas en Jackson Lake Lodge compartieron sus materiales, lo que le permitió continuar. La rueda volvió a pincharse cuando llegó al estacionamiento cerca de Jenny Lake; el cuentakilómetros marcaba 112,05 millas.

Luego completó la carrera de 26,2 millas y terminó nadando en Jenny Lake al atardecer. A diferencia de un Ironman organizado, la prueba casera no tuvo puestos de asistencia, medalla, competidores ni espectadores. Dijo que la falta de presión externa le había facilitado detenerse tras el primer intento, pero también hacía que las distancias pudieran parecer arbitrarias.

En los meses siguientes, perdió las ganas de seguir entrenando para triatlones y se dedicó a hacer caminatas más largas. Todavía no sabe si participará en un Ironman oficial. La experiencia lo llevó a preguntarse qué da sentido a un desafío de resistencia: encontró más satisfacción en The Picnic, una exigente aventura no oficial en los Tetons, y en acompañar a un corredor que completaba una carrera de 50 km en cada estado durante 50 días para recaudar fondos para Make-A-Wish.

Reflexionó que la carrera benéfica tenía tanto sentido como su propio Ironman, quizá porque servía a un propósito que iba más allá del logro personal, o quizá porque la compartió con alguien.

Fuentes: Runner's World.